Tienen tus ojos ese tono especial, entre espasmo y ausencia.Silencio y palabras contenidos en un mismo guiño.Emigras y vuelves, porque sabes que sin ser tu nido, aún me queda un resquicio de gratitud por esas malas palabras.
Sabemos callarme y dibujamos como ninguno, cuando la cartografía moderna nos obliga a trazar nuevos destinos.Buscaste en mi ombligo respuestas, pero allí no estaban.Tampoco mis cabellos tenían la solución, y ni siquiera te sirvió mi dolencia reprimida como batiscafo para descubrirte en tu abismo.
Me fui -¿qué importaba?- no había en mi un solo grito de aliento, un pedido de socorro, mucho menos la necesidad de encontrarte despierto.
Pero aún queda una llave allí donde están mis uñas, donde encuentras mis dedos y tomas mi mano. Dónde no te pido y te ofreces, dónde existo sin quererlo, dónde nos ataca el silencio y lo embarcamos sin destino a dónde nos quiera deshechar la marea. Y aunque a veces me muera, y otras veces no existas, nos publiquemos invencibles o nos tejamos inanimados; aún persiste la certeza de que puedes contar conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario