
Vengo a proponer, en acto solemne y a espera de una respuesta favorable, la abolición (no exporadica sino inminente) del cumpleaños como acontecimiento recordable.
No se trata de ningun tipo de miedo producto del paso del tiempo, ni de la aproximación de estigmas en el ser superfluo. Es simplementa la convicción profunda de que no quiero pasar por esta ceremonia.
Conozco mis limitaciones, y también conozco mi ciclotimia inverosimil de tan hondo que cava. Y sé que este lunes que se me aproxima volando como viento Zonda, seco y dispuesto a llevarse todo, habrá de encontrarme sentada en una silla poco cómoda (porque nunca se me quitó esa cosa de sufrir las dolencias como algo irremediable) cruzados mis brazos al punto de que será la negación más poderosa que mi propio nombre para distinguirme; exigiendole al reloj que apure esos segundos que (a mi no me engaña) nunca duran lo mismo para dar por finalizado este día. Rogando desde su inicio que se pase y que por favor no regrese. Aunque después vuelva, disfrazado de un año más.
Aumenta su ejército todos los nueve de cada julio que me llega porque no me ha vencido, mas quién sabe cuánto tiempo más aguantará esta barricada de resistencia que sostengo con un escarbadiente. El mismo con el que el invitado número tres pinchó la salchichita que le ofrecimos.
Y uno se preocupa tanto porque se vaya, que al dia siguiente ya se encuentra sumido en una nueva preocupación cuya culminación acontecerá dentro de 364 dias. Es una rueca que gira y qué aburrida.
Ahora me voy a generar mi espacio. Esta ropa que encontré y me recuerda la Grecia más antigua, me da ganas de agarrar una cuchara para creerme espartana y guerrera. Y me voy a subir a la mesa y voy a saltar aunque haga ruido.
Porque ahora que tengo (y eso es lo unico que puede agradecerle a esta manía absurda de cumplir 4 estaciones juntas) más largos los fémur y más ancho el arco que puedo formar con mis brazos, le tengo menos miedo al reto de un adulto.
Mientras tanto decido si en mi juego soy griega o me vuelvo gladiadora romana (de la mesa voy a saltar. Hay ciertas cosas que no son discutibles) y preparo un encendedor por si después quiero ser Nerón y varias preguntas por si se me antoja ser Sócrates, poniéndole tilde a los dos aunque no existan. Porque desde esta perpectiva chiquitita y diacrónica los dos se vestían igual.
1 comentario:
Creo que la piñata lo puedo todo.
Ah, no...¡¡la nieve!!, Ah no...el charango! mmm no, no...ya sé...los amigos..cierto?
Boludaaa! ayer me di cuenta lo feliz que soy siendo tu amiga!
Te adoro!
Publicar un comentario