lunes, 2 de julio de 2007

Lala "casi20"


Me empapé de absurdo y salí. Oliendo toda a incongruencia y palabra inventada.
Me puse las mariposas en la cabeza y las dejé revolotear. En esta oportunidad prefirieron saltearse mi estómago y cosquillarme los pies. Tal vez para que no ria. Quizás para que corra; para que no me detenga, recordandome la existencia del movimiento apelando a mi sensibilidad táctil.
Y tuve otra vez esa ridícula idea de querer ser libre.
Me saqué las enredaderas de los oídos para ya no escuchar melodías enroscadas. Y esperé a que el hielo se haga muerte.
Y cuando el invierno ya fue crimen, me desnudé.
Me trepé al inconsciente colectivo y en la travesía perdí un zapato. Jamás lo recuperé y aquí puedes ver mis dedos.
Lola nunca dejó de cantar, ella es la mujer que canta en mis sueños cantados. Canta y me invita a atreverme, y me busca cuando me escondo del recuerdo para salvaguardarme en su enorme capa azul. Una especie de santa sin creencias, una virgen mil veces violada y restituida por la autoregeneración del cosmos, una diosa pagana y atea al mismo tiempo que no separa sólo canta, y armoniza mientras duermo.
Lavé mis manos, torcí mi mueca para siempre y exploté. Nadie junto mis retazos olvidados de canela y tan solo utilizaron la salina para regalarsela a un burgués.
Ahora brillo y me esfumo.
Mañana seré lombrices de nuevo, como antes de nacer.

1 comentario:

Mi perro ladra dijo...

Nunca pensaste en la posiblidad de que, quien siempre canta en tus sueños, esté esperando que recojas tu zapato para seguir saltando sin tener que resguardar tu cuerpo, tu ser.

Te quiero