Cuando de amor me rompí tres costillas, supe que no era el modo de sobrellevar la vida.
Progresé por los caminos de lo inmutable y el muro de ladrillo y me olvidé de las lágrimas y los dolores.
Aposté mi alma en una carrera de caballos que trasmitía la televisión y me la jugué con el que sabía perdedor. Fue la forma más fácil de desligarme de mi misma.
Puse barricadas sobre el puente, y coarté todas las salidas, los poros por donde vivir.
Obligada a mis propios límites, no tuve más escapatoria que hacerme hacia adentro cada vez que quise moverme.
Lastimé cada recoveco que quedaba libre y lo apresé tanto que me volví condena de mi propia existencia.
Me volví entonces, mi propio problema y mi única solución.
Cortar los lazos.. no existían.
Hola mundo, dónde estás?
Cucarachas.
Salir, salir. Auxilio. Me ahogo.
Dónde dejaste la cordura? Dónde la conciencia? Dónde el hilo que conducía lo normal?
Al principio del primer enunciado. Ahora desespero.
Fuimos una mentira que se empeñó en parecernos enterna.
1 comentario:
En el mundo no hay cordura, sólo espanto. Sólo podemos atravesar la "realidad", fingiendo representaciones.
Melancolía la de saber que es uno el que se conduce, tristeza cuando no quiere conducirse, cuando no hay rumbo.
Saludos!!!!
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