Mentes dilatantes, en onda expansiva, y tus caderas.
No entiendo las cortesías dibujadas, ni tus dientes.
La búsqueda no siempre se sucede con el encuentro.
Mis temores, ya no asustan ni a los pájaros.
Si acaso existieran, te habitarían.
¡Qué quejas chuecas las que pregonan!
Hay regalos de la infancia que se hacen leyenda,
y más cuencos que paciencia.
Lo de menos son las causas.
El destino azaroso, a su debido tiempo,
le daña a la existencia su autonomía.
Corro limpia como agua de estero.
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