domingo, 16 de agosto de 2009

Anticuerpos

Hay en las cosas tres formas mínimas
después los complementos.

De lo febril y lo fétido no se habla por la mañana.
Habrá tiempo de asquearse y olerse a la tarde.

Mi forma de decir está detenida.
Se suspende y pende en las cosas que acusa,
hacia los nervios que proclama.

Los trazos que altivos ayer me defendían, hoy defenestran.
Es el cuerpo cansado que ya no es mio.

Desde lo ajeno se saludan mis extremidades
extrañándose entre sí,
recordándose de contornos para no desacostumbrarse.

Amar y desamar a veces cuestan lo mismo.

Me acerco a las arañas y poso la lengua en el estanque
para que me muerdan los sapos, claro.
Y si me rasguña un junco, entonces existo.

Habrá mil llaves a mi alcance y ninguna puerta
que es más doloroso que violar cerraduras.
Será el encierro la tortura y el consuelo al mismo tiempo.
Aire y trampa.

Al fin de cuentas, a todos nos gusta estar, aunque sea un rato, allá donde menos nos quieren.

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