Cautivada, eterna.
En el éter la penumbra y el idilio en convivencia.
Les conviene, nos conviene, ser ateos del amor,
viajar de espaldas al deseo.
Cautivada, eterna.
Lleva brazos en los ojos para abrazar las miradas
que la interesan como espadas
y hacerlas caricias.
Cautivada, eterna.
Se ata de pies y manos para evitarse la huída.
Pero del mismo modo, también preveé la caída,
y las sogas se disfrazan de guirnaldas inofensivas.
Cautivada, eterna.
Supera el tiempo y de las cosas hace espacios
como si cada espacio ya no tuviera cada cosa.
Como si en cada tiempo cabieran menos pregunta que las que hacia
y se calla.
Cautivada, eterna.
Mira firme, sube la guardia.
Pero sin olvidarse que
siempre existe la resistencia.
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