Viejas formas se deforman
Hacen del arte un fantasma
Cuidan sus calles las palomas.
Del cilíndro a la oruga hay siete corredores.
Si apareciera un magnetismo menos sincero
se irían las cosas apiadando de sus nombres para pertenencerles un poco más
Pero que se guarden las nomenclaturas sus áridos retazos
que el algodón habita amigdalas y no la dermis.
Cuanto menos sombreros son, más se notan las cabezas.
El viento acuna tus arrullos
de no sé bien a quién le escribo.
Cuando bailes, que sea sin sentido pero sin dejar de marcar el paso.
Del paso al peso, y de allí al piso. Habrá que preguntar quién lo puso.
Y todo con tal de no tocar, para no caerse al pozo, que no es lo mismo.
Cien caderas matemáticas, haciendo olas.
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