Intentó ser aire y fracasó en el intento. Nunca fue lo suficientemente liviano para dejarse llevar por el viento.
Trató de convertise en arrullo o melodía pero sus oídos habían sido demasiado necios durante toda su vida como para poder recordar ahora una canción.
Labró una trinchera en el recuerdo a fin de convertirse en melancolía, pero la sequía de sus largimales desacostumbrados al llanto le hubiesen restado credibilidad.
Quiso volverse penumbra, hastío; hasta amenazó con convertirse en el espejo de la muerte; pero siempre fue tan cobarde para enfrentarse a lo imprevisible y a lo inevitable que pronto abandonó la idea.
Entonces se hizo agua y se bebió a sí mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario