domingo, 16 de agosto de 2009

Que vuelvan las Plapas

- ¿Quién es usted señorita?
Y la letra caminadora contestó:
- Soy una Plapla.
- ¿Una Plapla?, preguntó Felipito asustadísimo, ¿qué es eso?
- ¿No acabo de decirte? Una Plapla soy yo.
- Pero la maestra nunca me dijo que existiera una letra llamada Plapla, y mucho menos que caminara por el cuaderno.
- Ahora ya lo sabes. Has escrito una Plapla.
- ¿Y qué hago con la Plapla?
- Mirarla.
- Sí, la estoy mirando pero... ¿y después?
- Después, nada.
"La Plapa" María Elena Walsh



De las muchas formas que hay de mostrar el mundo la de las palabras me parece fascinante.
Los aforísimos, las metáforas, los sinónimos que pueden decir mil veces lo mismo sin que el ojo lo perciba.
Y los diptóngos sabiendose inseparables.
Si hay que reglar el mundo, para eso está la ortografía.
El submundo de adjetivos, eso es otra cosa... no pertenecen a esta dimensión. Subjetivos, sujetados se ponen donde quieren, dicen lo que no se busca, por suerte y por desgracia.
Las palabras esconden sentires que se gritan solos.
Habría que encontrar una forma de decirlas sin abrir la boca.

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