domingo, 16 de agosto de 2009

En una de las formas que tiene el amor

Viajan las contradicciones
abarrotadas en lo ínfimo de este espacio
donde te escribo y te describo.
En tus diecisiete letras repetidas,
en tus no sé cuántos lirios por idea.

Hay un chasquear de dientes inocentes
y un crepitar de huesos aún intactos.
Más perturbados los sonidos que lo sórdido;
menos atentas las coincidencias que los reclamos austeros
y el perfume de lo simil siempre flotando.

Arlequines se disfrazan de pretérito, indefinido aún,
y se desagotan, lento y meditado
por cada poro, una semilla regalan
y la vibración parece cierta, dibujada.

Se descalzan los abrazos,
para tocarse en un arpegio de exploración íntima.
Un batiscafo alcanzando el mar hasta el final
que impredecible se soslaya y se disipa
hasta resolverse en vapores.

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