A Julio, mis disculpas.
(A Julio C. primero, y a Julio anterior a Agosto también
por hacerlo partícipe de esto)
Dadas las circunstancias y los circunscriptos; sumémosle el frío pomposo de las mañanas de Julio; no hay errores, ni exacerbaciones innecesarias al intentar detallar la práctica por excelencia propia del invierno: El estornudo.
A fin de llevar a cabo un estornudo certero y confiable que no admita dudas sobre la veracidad intensa de nuestro resfrío, sería prudente empezar por resfriarse.
Sin ánimos exagerados, ni absurdas pantomimas que simulen la caída de un soldado en pleno campo de batalla, bastará con que adquiera usted un poco de mucosidad (si el tono es verdoso, mucho mejor) que supere lo habitual [Aclaración: la categoría de "lo habitual" es intrínseca al sujeto estornudante y deberá medirse a partir de su experiencia personal e irremplazable].
Es bien visto que una persona pronta a estornudar, lleve algo de aspereza en la nariz y un tinte más bien rojizo que rodee sus fosas nasales [este colorido, no necesariamente debe ser uniforme, puede intensificarse y degradarse dándole a la imagen destellos esfumados. Por una razón estética, o porque es usted más amigo de los logaritmos que del azar, puede también optar por una nariz prolijamente roja. Queda abierto el debate y cerrado el corchete]
La cara que acompaña al engripado en todo este complejo proceso, habrá de persistir tanto antes, como durante y después del acto en cuestión (léase, el estornudo): Ojeras, ligera palidez, extravío en la mirada, alboroto capilar.
Una vez establecidas las bases del hecho, se procederá al inicio de la fase siguiente.
En primer término será útil emitir algún enunciado preferentemente peyorativo de la situación, que de cuenta de la congestión nasal.
El siguiente paso, consistirá en refregarse uno, dos o hasta tres dedos contra la nariz a fin de contener la picazón interna.
Una vez que la incubación estornúdica haya sido gestada, y ya no haya tutía, procederá el sujeto a retirar lentamente la cabeza del eje de su cuerpo, sin separarla del cuello, ni simular un acto de exorcismo.
No. Se trata más bien de un envión, inesperado y bamboleante hacia atrás que se detendrá cuando la persona haya erguido su cuerpo hasta la postura del té inglés [No contamos aquí con imágenes alusivas a dicha postura, pero podrá usted acceder a ella, si observa hacia adentro de cualquier ventana en Inglaterra a las cinco de la tarde. El meñique en alza de la mano que rodea la taza, es completamente innecesario en este procedimiento. Déjelo libre.]
Inmediatamente, deberá iniciarse la mutación facial. Está consiste en imitar el gesto de quien come un limón creyendo que se trata de una naranja y sorprende a su lengua con el resultado.
Achique los ojos, contraiga la nariz, arruge todo lo que pueda ser arrugado desde la frente hasta la pera.
Aquí estamos casi frente al estornudo propiamente dicho, el estornudo al dente.
Luego abra la boca hasta acceder a dimensiones desconocidas.
Devuelva su cabeza desde la postura inglesa (que deberá ser acompañada por la pronunciación de la primera de las vocales) hasta crear un ángulo que le permita verse el ombligo (... chíiiiiiiiis).
Para terminar, ponga cara de recién levantado, simule que no ha pasado nada, pero por dentro prométase ser más estridente la próxima vez.
Acostúmbrese a repetir la acción algunas veces al día, abrígese temprano, pero hágase el favor de no entrar en pánico!!
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